El evento dejó sin suministro a múltiples sectores del país. La salida simultánea de Punta Catalina y las unidades Quisqueya 1 y 2 generó un desbalance crítico que volvió a exponer la fragilidad operativa del sistema eléctrico dominicano, tras el apagón más severo desde 2015.


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La mañana de este lunes, el Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) de República Dominicana colapsó tras la pérdida abrupta de generación en centrales térmicas estratégicas. Según registros del Organismo Coordinador, la frecuencia descendió hasta 56 Hz luego del desplome de potencia inyectada a la red, provocando un apagón de alcance nacional.
La causa preliminar estuvo asociada a una falla en el sistema de sincronización de las plantas de Punta Catalina. “El Sistema de Sincronización de las Plantas de Punta Catalina se dañó”, indicaron fuentes técnicas. Frente a ese escenario se intentó una maniobra manual que no logró estabilizar la operación y derivó en la desconexión de la central.

La pérdida de este bloque térmico de gran porte no quedó aislada. La desconexión arrastró a las unidades Quisqueya 1 y 2 de EGE Haina, reduciendo de manera súbita la generación disponible. El equilibrio entre oferta y demanda se rompió en cuestión de segundos, superando la capacidad de respuesta automática del sistema.
En redes insulares como la dominicana, sin interconexión internacional que amortigüe perturbaciones, la salida repentina de grandes bloques térmicos puede desencadenar un colapso total si la reserva rodante no compensa el desbalance de inmediato. La caída a 56 Hz activó protecciones automáticas que profundizaron la desconexión de cargas y unidades.
La Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana (ETED) confirmó que equipos técnicos trabajan para identificar la falla y restablecer el servicio lo antes posible y señaló que se trataba de una situación bajo investigación.
El episodio ocurre meses después del blackout más severo registrado desde 2015, ocurrido en noviembre de 2025. En aquella oportunidad, el SENI pasó de atender cerca de 3000 MW de demanda a operar con apenas 41 MW disponibles, evidenciando una pérdida masiva de generación.
Durante ese evento, la generación térmica y solar cayó prácticamente a cero, mientras la hidráulica operó en niveles mínimos técnicos y solo algunos parques eólicos permanecieron conectados. El Esquema de Desconexión Automática de Carga actuó, pero no logró evitar el colapso generalizado.
Ese antecedente ya había expuesto limitaciones estructurales vinculadas al soporte de frecuencia, la coordinación de protecciones y la resiliencia operativa ante perturbaciones de gran magnitud.
La caída a 56 Hz registrada este lunes representa una desviación severa respecto de los estándares de operación. En ese rango, generadores, transformadores y sistemas de protección operan fuera de parámetros nominales, incrementando el riesgo técnico y obligando a una reposición escalonada.
La recuperación de un sistema colapsado requiere primero estabilizar la frecuencia mediante unidades con arranque autónomo y luego sincronizar progresivamente los grandes bloques térmicos. Una reincorporación desordenada puede generar nuevas oscilaciones y extender la inestabilidad.
Más allá de la falla puntual en sincronización, el evento vuelve a poner en debate la robustez estructural del SENI. La concentración de capacidad en unidades térmicas de alta potencia implica que cualquier falla en sistemas de control puede tener impacto sistémico inmediato.
La recurrencia de eventos de gran escala en un período relativamente corto refuerza la necesidad de fortalecer la resiliencia operativa, modernizar esquemas de protección y evaluar soluciones que aporten respuesta dinámica rápida ante perturbaciones.
La investigación técnica determinará la causa raíz del incidente. Sin embargo, lo ocurrido confirma que el margen operativo del sistema eléctrico dominicano continúa siendo estrecho cuando se producen desconexiones abruptas de grandes centrales.
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